| Alfonso XIII |
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(España -2º- desde 1931) Fondo de arena y piedra. |
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Conocido hasta la República por el nombre original de "Alfonso XIII", este acorazado se integraba en el proyecto más ambicioso que se haya conocido en la flota Naval española si consideramos los recursos económicos y la situación política del momento. Si bien formaba parte de todo un plan de modernización de arsenales en el Ferrol, su longevidad y su trayectoria hacen sombra tanto a sus gemelos, el "España" y el "Jaime I", como al resto de embarcaciones que se concibieron con el mismo fin.
Su silueta original dejaba ver una cubierta corrida, en la que se alzaban dos palos y una chimenea. La popa de crucero disponía de balconcillo y en la proa un espolón discreto.
En el transcurso de una misión en la costa santanderina en la que formaba equipo junto al "Velasco", chocó contra una mina que destrozó los dobles fondos y abrió un gran boquete en el casco penetrando el agua sin remedio.
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Inmersión: | |
Comenzamos a realizar los cálculos de las distintas mezclas, la planificación, el perfil de la inmersión y las distintas tablas de descompresión que tenemos que emplear. Parte del equipo supervisa las configuraciones técnicas, otros se encargan de acondicionar la estación de carga y preparar los envases que contienen HELIO y OXIGENO, gases que utilizaremos para la preparación de las distintas mezclas, tanto para el viaje como para el fondo, otros se encargan de revisar las botellas que vamos a emplear en esta inmersión.
Después de unos treinta y cinco minutos de navegación nuestro GPS avisa que estamos llegando al punto establecido, enseguida lo confirma la sonda. Justamente debajo de la embarcación, a 74m de profundidad descansa el pecio desde el año 1937. Aún manan de las entrañas del acorazado, pequeñas manchas de aceite, como si le quedara un ápice de vida después de tantos años sumergido. Marcamos el punto de inmersión largando cabo con una boya para descender posteriormente con una referencia. Normalmente el plan de inmersión es entrar en el pecio por el boquete de popa. Comenzamos los preparativos de seguridad, una botella de EAN40 en la cota de -27m y otra de OXIGENO en -6m, ambas con varios reguladores para utilizarlos en caso de emergencia. En la lancha queda preparado el equipo de oxigenación por si fuera necesario realizar un traslado de urgencia.
Nos lanzamos al agua y nos reunimos en el cabo de descenso. Tras darnos la señal de O.K. comenzamos la inmersión, el cabo se pierde en el abismo.
Tras estudiar detenidamente las posibles entradas y salidas nos adentramos en el pecio por la plataforma baja. Algunos restos de las cargas explosivas y obuses están esparcidos por el techo de la cubierta, otros siguen perfectamente estibados como si no hubieran sido partícipes del siniestro. Varios congrios de enorme porte custodian dichos restos…el espectáculo es alucinante.
Realizamos un último reconocimiento por el exterior del pecio y comenzamos el ascenso. Mientras la visibilidad nos lo permite, nuestros ojos no se apartaban de los restos del pecio. Las sensaciones son indescriptibles. Las múltiples lecturas sobre la historia del buque comienzan a pasar por nuestra mente, realizando una película imaginaria del día del naufragio.
Comenzamos a ver el casco del barco. Los dos buceadores de apoyo nos garantizan la seguridad. Verifican la botella de O2 de seguridad y que todo marcha según lo establecido. Estamos llegando a la cota de -6m. Nos invade una sensación de tranquilidad. Estamos prácticamente en la superficie. De nuevo, debemos estar atentos para otro cambio de gas, esta vez O2.
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