Alfonso XIII

(España -2º- desde 1931)
El Ferrol 1915- Santander 1937
Desplazamiento: 16.450 tons apc
Dimensiones: 139'9 m de eslora x 24m de manga x 8m de calado x 12'7m de puntal.
Propulsión: 12 calderas Yarrow, 4 turbinas Parsons y 4 hélices; 20.000 cv (22.000 forzando calderas); 19'5 nudos
Tripulación: 850 hombres
Protección: Acero Krupp. Faja baja de 230 mm, 150 mm en la media y 75 mm en la alta. 100 mm y 50 mm en los extremos de proa y popa, respectivamente; 250 mm en las torres de grueso calibre y puesto de mando; batería media protegida por planchas de 75 mm; cubierta protectora de 25 mm a 50 mm; inicialmente, portaron 20 tangones para redes antitorpedo
Armamento: 8 cañones de 305/50 mm; 20 cañones de 101/50 mm; 2 cañones AA de 47 mm; 2 piezas de desembarco de 70 mm y 2 ametralladoras Maxim


Fondo de arena y piedra.
Profundidad min. -60m. / max. -75m.
Nivel de buceo: Experto

 

Historia:

Conocido hasta la República por el nombre original de "Alfonso XIII", este acorazado se integraba en el proyecto más ambicioso que se haya conocido en la flota Naval española si consideramos los recursos económicos y la situación política del momento. Si bien formaba parte de todo un plan de modernización de arsenales en el Ferrol, su longevidad y su trayectoria hacen sombra tanto a sus gemelos, el "España" y el "Jaime I", como al resto de embarcaciones que se concibieron con el mismo fin.

 

Su silueta original dejaba ver una cubierta corrida, en la que se alzaban dos palos y una chimenea. La popa de crucero disponía de balconcillo y en la proa un espolón discreto.


Básicamente se dedica a custodiar las Costa españolas durante la Primera Guerra Mundial. Cliente habitual en Santander durante los meses de verano, en 1920 es el primer barco de guerra que fondea en Cuba después de su pérdida.  Visitó también Puerto Rico y Nueva York. En 1923 junto con el "Jaime I" traslada a los Reyes y a Primo de Rivera al exilio italiano. Participa activamente en las campañas frente a Marruecos y en el desembarco de Alhucemas.


La antigüedad y el escaso porte hacen que se desaconseje la propuesta de una reforma y sus restos volvieron a parar al Arsenal del Ferrol  esperando la venta o el desguace. Tras varios años de amarre,  durante el estallido de la Guerra Civil y a pesar de su mal estado, el buque del rey por excelencia,  "el abuelo" como lo conocían por aquél entonces, es reclutado por los Nacionales para el bombardeo de posiciones costeras en el Cantábrico.


Se lleva a cabo la puesta a punto de sus complejísimas máquinas y se consigue rapidez de maniobra aunque con dirección de tiro elemental. Pese a que su misión militar seguía siendo desproporcionada y particularmente peligrosa, comienza su nueva andadura de bloqueo militar.

En el transcurso de una misión en la costa santanderina en la que formaba equipo junto al "Velasco", chocó contra una mina que destrozó los dobles fondos y abrió un gran boquete en el casco penetrando el agua sin remedio.


El estruendo no sólo alertó al "Velasco" que acudió en su ayuda sino también a los vigías de Cabo Mayor que hicieron eco del suceso en la base aérea ubicada en la Albericia. Los aviones se apremiaron a rematar lo que el accidente había provocado, sin embargo, casi toda la tripulación fue evacuada produciéndose sólo cinco bajas.


El "España" descansa sumergido a unas tres millas al Norte de Cabo Galizano por fuera del Cabezo, a 75 m de profundidad, con la quilla al sol.

 

Inmersión:

fotoEs una inmersión complicada partiendo de los factores implícitos, tales como la excesiva profundidad (-75m aprox.), el tiempo de fondo (entre 20 y 30min.) con prolongadas descompresiones en zona de aguas frías (12ºC) y fuertes corrientes. El equipo de buceo técnico necesario consta de cuatro botellas de distintas mezclas de gases respirables, TRIMIX como mezcla de fondo, NITROX para el viaje y O2 como gas de descompresión. La planificación y preparación de las mezclas para realizar una inmersión segura es también esencial.


Los preparativos en este tipo de inmersiones es un trabajo de equipo desde el comienzo de la planificación, cada uno se encarga de una tarea. A su vez, cada detalle es supervisado por el resto de compañeros. En cualquier inmersión, el mínimo descuido puede resultar nefasto. En el “España”, a -75m, un fallo puede convertirse en tragedia. De esta manera, revisar todo a fondo es parte imprescindible de nuestra seguridad.

Comenzamos a realizar los cálculos de las distintas mezclas, la planificación, el  perfil de la inmersión y las distintas tablas de descompresión que tenemos que emplear.

Parte del equipo supervisa las configuraciones técnicas, otros se encargan de acondicionar la estación de carga y preparar los envases que contienen HELIO y OXIGENO, gases que utilizaremos para la preparación de las distintas mezclas, tanto para el viaje como para el fondo, otros se encargan de revisar las botellas que vamos a emplear en esta inmersión.


Una vez realizadas las últimas comprobaciones y ponemos rumbo al punto de inmersión.

Después de unos treinta y cinco minutos de navegación nuestro GPS avisa que estamos llegando al punto establecido, enseguida lo confirma la sonda. Justamente debajo de la embarcación, a 74m de profundidad descansa el pecio desde el año 1937. Aún manan de las entrañas del acorazado, pequeñas manchas de aceite, como si le quedara un ápice de vida después de tantos años sumergido.

Marcamos el punto de inmersión largando cabo con una boya para descender posteriormente con una referencia. Normalmente el plan de inmersión es entrar en el pecio por el boquete de popa.

Comenzamos los preparativos de seguridad, una botella de EAN40 en la cota de -27m y otra de OXIGENO en -6m, ambas con varios reguladores para utilizarlos en caso de emergencia. En la lancha queda preparado el equipo de oxigenación por si fuera necesario realizar un traslado de urgencia.

fotoDespués de finalizar las tareas de seguridad comenzamos a instalarnos todo el equipo que portearemos durante la inmersión, labor imposible sin la colaboración de los demás compañeros. Equiparnos las cuatro botellas y todos los demás accesorios necesarios para este tipo de inmersiones es una tarea francamente “dura”, por lo que una vez totalmente equipados nos tomamos unos minutos para descansar y volver a revisar los equipos y detalles de la inmediata inmersión.

Nos lanzamos al agua y nos reunimos en el cabo de descenso. Tras darnos la señal de O.K. comenzamos la inmersión, el cabo se pierde en el abismo.


Los dos primeros en bajar comprueban que las botellas de seguridad instaladas en las cotas de -6m y – 27m estén  correctas y continuamos la caída libre hacia los restos del pecio. Nos metemos de lleno en el azul verdoso y la luz comienza a extinguirse a medida que descendemos. Una enorme silueta aparece ante nuestros ojos. A pesar del paso de los años los aceros del acorazado se defienden de la erosión y nos muestra sus cuatro hélices llenas de escaramujo.


La visibilidad en este pecio normalmente es buena considerando la profundidad a la que nos encontramos. Damos un pequeño reconocimiento por la quilla y los exteriores de la zona donde tenemos planificada la inmersión y descendemos hasta el boquete abierto en la popa, nuestro profundímetro marca -74m. Un enjambre de hierros retorcidos y chapas nos dan una idea del fuerte impacto sufrido por el buque al tocar fondo. Los restos de uno de los cañones de 305/50mm asoma por el costado de estribor y el timón está apoyado sobre unas lajas a unos ocho metros del pecio.

Tras estudiar detenidamente las posibles entradas y salidas nos adentramos en el pecio por la plataforma baja. Algunos restos de las cargas explosivas y obuses están esparcidos por el techo de la cubierta, otros siguen perfectamente estibados como si no hubieran sido partícipes del siniestro. Varios congrios de enorme porte custodian dichos restos…el espectáculo es alucinante.


Seguimos hacia el interior del pecio y llegamos a la zona de los ascensores. Tenemos una dificultad añadida, ya que todo está del revés. Es fácil desorientarse, tendemos un carrete para garantizarnos la salida. Debemos permanecer alerta ante la posibilidad de que nuestras propias burbujas provoquen un desprendimiento. La labor de equipo en este tipo de incursiones y la especial atención al resto de compañeros es imprescindible para mantener la seguridad y atajar cualquier contratiempo.


fotoComprobamos nuestros instrumentos y lamentablemente tenemos que dirigirnos hacia el cabo de referencia, nos acercamos al tiempo de fondo planificado para esta inmersión.

Realizamos un último reconocimiento por el exterior del pecio y comenzamos el ascenso.

Mientras la visibilidad nos lo permite, nuestros ojos no se apartaban de los restos del pecio. Las sensaciones son indescriptibles. Las múltiples lecturas sobre la historia del buque comienzan a pasar por nuestra mente, realizando una película imaginaria del día del naufragio.  


Las paradas de descompresión en este tipo de inmersiones comienzan en cotas profundas con el gas de fondo. Los ordenadores de buceo convencionales no realizan los cálculos de las distintas mezclas respirables que utilizamos. Las tablas que previamente hemos calculado son las que nos marcan las pautas a seguir. Aquí hay que tener muy claro lo que se hace, dejar algo al azar puede resultar nefasto.


Comenzamos el ascenso lentamente hasta la primera parada, estas decos comienzan con paradas profundas, a medida que ascendemos, realizaremos el primer cambio de gas de las botellas que portamos, de acuerdo con la planificación establecida. Nos mantenemos alerta de los posibles cambios fisiológicos que podamos sufrir para poder atajar cualquier contratiempo.


Los tiempos que tenemos que invertir en cada parada aumentan a medida que vamos realizando el ascenso. Nos comunicamos continuamente supervisando que todo está correcto, a la vez coordinamos los tiempos de ascenso para evitar posibles errores de consulta, tanto de los equipos de medida como de las tablas.

Comenzamos a ver el casco del barco. Los dos buceadores de apoyo nos garantizan la seguridad. Verifican la botella de O2 de seguridad y que todo marcha según lo establecido. Estamos llegando a la cota de -6m. Nos invade una sensación de tranquilidad. Estamos prácticamente en la superficie. De nuevo, debemos estar atentos para otro cambio de gas, esta vez O2.


Los minutos finales se hacen interminables. Comenzamos a bromear mediante gestos, hay que “matar” el tiempo que aún nos queda de descompresión. En unos minutos estaremos en superficie. Estamos impacientes por cambiar impresiones de los breves pero intensos momentos vividos en los restos del “Abuelo”, donde sólo unos pocos hemos tenido el privilegio de haber estado...en el más absoluto silencio.

 
                            

 

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